Puerta cerrada y el viaje continúa, gracias Puebla.

No hay tiempo que no llegue, ni fecha que no se cumpla, a días de cerrar la puerta que un día abrí con ilusión, con esperanza, con alegría, pero no sabía lo que me esperaba. 
Entramos juntos, mi viejo y yo, ahora salimos igual, sólo que tú alma voló antes, te llevo de regreso a donde perteneces, a tu lugar, a nuestro origen, al campo que tanto te gustaba.
Las experiencias más dolorosas son las que más te moldean, te pulen, pasas por el fuego, ahí te haces fuerte, te depuras a través de las lágrimas, cuando de la nada logras sobrevivir, esas experiencias donde la vida te pone a prueba y te das cuenta de la madera con la que estás hecha, de tu enorme capacidad, de tu fuerza interior que es más grande de lo que puedes imaginar, de tu tremenda creatividad, donde salen todas tus capacidades y tus dones se desarrollan. Pero también esas vivencias que te dejan sin aliento, donde agotaste todo y humildemente reconoces que no puedes más y que eres un ser humano tan frágil, vulnerable y en tantas ocasiones débil. 
Y un día tocas fondo, pero no te quedas ahí porque tocar fondo sirve para impulsarte aún más y cual ave fénix RENACES. 
Abres tus alas porque siempre has sido águila, siempre has volado alto, a pesar de los miedos, jamás has sido cobarde para ir por tus sueños, si algo has tenido es coraje para salir adelante y vivir.
Gracias Puebla por tu cobijo, por las buenas personas, aquéllas en especial que jamás había visto, las que fui conociendo y me brindaron sus manos, su ayuda, cuidado, comida, un hombro en donde llorar, un abrazo, pues eso me hizo sentirme acompañada siempre.  Gracias por las pruebas tan grandes, por conocer otros rostros, otras actitudes, no todas tan buenas, pero siempre con una enseñanza, la cual me transformó. Un escalón más en el camino a donde finalmente tenía que llegar. 
Me voy a seguir mis sueños, el amor va delante de mí y finalmente es lo que mueve todo el mundo, mueve tu ser y la vida día con día. 
Vámonos, con todo y el miedo de lo que representa algo nuevo, es como ese salto al vacío de espaldas, a ciegas, pero finalmente confiando en la vida, en el universo y en Dios que todo es para bien, que lo que fue así tuvo que ser y lo que viene es para mi evolución.
¡No digo adiós, sino hasta pronto Puebla!.

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